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sábado, 11 de mayo de 2013

En el Pais de los Cátaros

Carcassona, mayo de 2013

Hemos pasado unos días de descanso alojados dentro de la Cité de Carcassona, una de las más grandes fortalezas de toda Europa, restaurada en el siglo XIX y declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.


La ciudad de Carcasona (Carcassona en Occitano) es una ciudad de casi 50.000 habitantes en la que destaca su ciudadela, dentro de una doble muralla, conservada y restaurada a la perfección.



Ya se conoce como ciudad fortificada desde el siglo VI a.c., luego en el período romano fue reforzada, más tarde por los visigodos en el siglo V, conquistada por los musulmanes en el siglo VIII y reconquistada pocos años después por Pipino el Breve hacia el año 759, creando el condado de Carcassona con Bellón como primer conde, de quien proceden entre otros el condado de Barcelona.


La ciudad fue durante casi 500 años zona fronteriza entre el reino de Francia y el de Aragón, rompiendo el equilibrio a favor de Francia tras la Cruzada Albigense contra los Cátaros promovida por el Papa Inocencio III y dirigida por Simón de Monfort a las órdenes del rey de Francia Luis IX frente al Conde de Tolosa y los Trencavel que gobernaban Nimes, Albi y Carcassona y Pedro II de Aragón.

Una Torre del Chateau

La ciudad moderna está en el llano que rodea el río Aude, a los pies de la colina en la que se erige la ciudadela, auténtico centro de atracción turístico del país galo.

Un rincón de la calle Du Gran Puits

Dentro de la Cité o ciudadela, todo es una preciosidad, si somos capaces de abstraernos del enfoque turístico de los establecimientos comerciales y hosteleros.

Unas casas frente al Castillo, dentro de la Ciudadela

Cada rincón, cada casa, cada torre de la muralla interior o de la exterior, nos llevan en el tiempo hasta el siglo XIII, y uno se siente bajo los auspicios de Ramón Roger de Trencavel, Conde de Carcassona y casi tentado de caer en la herejía Cátara, predicando la pureza del alma, o negando dogmas predicados por clérigos poco ejemplares aposentados en la opulencia, defendiendo la prevalencia de la razón sobre la fé como algunos de aquellos más de 8.000 que murieron en Béziers a manos de las tropas de la cruzada de Simón de Monfort, cátaros los unos, católicos otros, bajo la frase de que !Dios ya sabrá distinguir a los buenos de los malos!.
La Maison du Sire de Trencavel

Eran otros tiempos, de una cultura mucho más salvaje y dogmática, en la que todo valía si se actuaba en nombre de Dios.
De alguna manera, el espíritu de los Cátaros imperante en la Occitania de tiempos de San Luis rey de Francia o de la guerra de los 100 años, ha permanecido entre esas murallas, refugiándose entre sus piedras, para apoderarse de quien permanece en ellas más de un día. Tal vez operen por la noche...





Café Lé Senescal, frente a la entrada al castillo
Hoy todo es mucho más “soft“, menos trascendente, y sólo el ansia de poder en las personas parece permanecer inalterado en el tiempo.
Mientras, y tras tanta pseudo filosofía, también nosotros nos hemos dejado llevar por la busqueda de la paz, de la tranquilidad y solaz, de esa terraza desde la que poder dibujar mientras tomas una cerveza. 
Al final, ese es el objetivo más importante del momento, dejando las cuestiones trascendentes para otro, que no suele llegar con frecuencia...