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domingo, 10 de junio de 2012

La Costa Brava, sus puertos y los barcos...

Hoy os traigo unas vistas de los puertos que he visto en las cercanías de S'Agaró, amarres en S'Agaró, en la playa Sant Pol, algo del el puerto D'Aro, el de Palamós y el de San Feliú de Gixols.
Hay un poco de todo, pero lo que no he dibujado - por que me da verguenza ajena - son los grandes yates que se pueden ver; me gustan mucho más las pequeñas embarcaciones, los pequeños veleros, y las barcas tradicionales de pesca.
Como no tengo mucho tiempo para explayarme sobre ésto, os pongo simplemente algunas acuarelas y apuntes de este tema...

Port de Sant Feliú de Gixols

Port D'Aro 


En Port D'Aro

En Platja Sant Pol

En Port de Palamós

En Palamós. Pesquero.

sábado, 9 de junio de 2012

La Tramontana y Sa Conca

Continúan mis vacaciones  en la Costa Brava. Costa, mar, viento... Viento y mar.
Sopla la Tramontana.
El viento lo mueve todo; se lleva las cosas que hay por el suelo, forma remolinos de hojarasca, y levanta la espuma sobre la cresta de las olas, rizando el rizo, dibujando 'corderitos' sobre la superficie del mar.
Llena de arena todo lo que hay sobre la playa, como si de una venganza se tratase, por haber invadido sus dominios.
Los barcos fondeados en la bahía de Sant Pol se balancean, cabecean, y se mecen sobre las olas en un 'va-y-ven' a veces dulce y armónico, se sacuden con violencia otras.
La Tramontana, ese viento, a veces agresivo, que agita las aguas del mediterráneo catalán, campa a sus anchas por esta Costa Brava, inclinando las copas de los árboles, dando formas grotescas a los pinos.
Pero luce el sol, y hemos optado por tomar un 'baño de sol'.
De hecho, ha sido un baño de sol y espuma de mar, de sol y arena también. La arena se resistía a permanecer en el suelo y volaba con fuerza en los brazos de Eolo, barriendo la playa en ráfagas, golpeando nuestra piel y posándose donde no debía.
El agua del mar, serena la víspera, se agitaba y se lanzaba contra los acantilados y contra la playa, creando una blanca mancha de espuma que, al final, acababa sobre la arena de la orilla de la playa.
Las rocas del rompiente que bordea la playa, mojadas por el agua del mar y secadas por el sol, brillaban al reflejarse los rayos del Sol en los pequeños cristales de sal que quedaban adheridos a ellas.
Y nuestra piel, calentada por el sol y enrojecida por las 'caricias' de la arena, parecía sin embargo blanquecina, cubierta por el salitre que el viento traía del rompiente de las olas. El bermellón apareció luego, tras la ducha.
Hemos comido en el "Xiringuito" de la playa de la Conca, bien, aunque hemos terminado con cierta prisa porque por efecto del viento, a la sombra se sentía fresco. Hemos vuelto rápidamente al sol, a recuperar el temple, y luego hemos vuelto a Sant Pol, al hotel, a descansar un rato.
La tarde ha sido tranquila, en la terraza del hotel, con unas birras fresquitas en compañía de unos amigos holandeses, mirando al mar y al abrigo del viento, frente a ese 'Mare Nostrum' tan azul y turquesa, ese 'Mare nostrum' de los fenicios que dejaron su huella en estas tierras, y de los romanos que dejaron sus construcciones y su cultura; ese Mare Nostrum que en un tiempo no tan lejano fué casi propiedad del Reino de Aragón y Cataluña, a pesar de los corsarios berberiscos...






viernes, 8 de junio de 2012

El mar mediterráneo¸ Mare Nostrum…


En S’Agaró, a 7 de junio de 2012.




Mare Nostrum...
Así le decían los romanos, cuando era todo suyo, desde Itálica hasta Constantinopla, desde Alejandría a Cartago, y sus naves lo dominaban en todos sus confines.
Mare nostrum…
Pero no es mi mar. No puedo hacer mía esa expresión. Es el mar de los fenicios, de los griegos, de los romanos, de los piratas berberiscos,… pero no es mi mar.
No es la mar océano, ese mar obscuro y bravo, misterioso, que rompe nuestra costa cantábrica cuando se enoja, que rompe contra ella cuando se calma.
No es el tenebroso mar de las historias de marinos, de monstruos que se tragan los barcos que osan cruzar las columnas de Hércules, o más allá de Finis Terrae.
El Mediterráneo es el mar amable de las canciones de Serrat, yo diría que casi un mar urbano, un mar doméstico, limitado en el espacio, conocido en todos sus confines hace milenios, surcado por Tirios y Troyanos, ‘civilizado’ en el sentido original de la palabra; y que me perdone Pérez Reverte, Don Arturo. Sin embargo, es el mar; es lugar de bravos marinos, de cultura marinera, de poblaciones marineras… Y aunque hoy raro es el naufragio en el mediterráneo, cuando se pone bravío sigue arrojando restos a las playas.
Mare Nostrum…, no es mi mar.
Mar bordeado por preciosas playas, antaño llenas de coloridas barcas pesqueras, por más que hoy esas barcas han desaparecido, o están en su mayor parte varadas sin nadie que las saque a navegar.  Comemos, -devoramos-, mucha más pesca que antes; pero no son las artes de los pescadores quienes nos la proporcionan, sino la industria pesquera, así, en anónimo.
Unos pocos pescadores, muy pocos, siguen saliendo a faenar en sus barcas, con su pequeña vela latina, al alba o al ocaso. Pero no son los únicos que navegan sus aguas.
Sigue el ‘Mare Nostrum’ siendo surcado por naves, de una orilla a la otra. Pero no son las galeras romanas, ni las goletas genovesas, ni los galeones españoles del siglo de oro. Ahora son grandes barcos metálicos, cargados de contenedores, los que surcan ese mar. Apenas tienen tripulación, gobernados por el sonar, por el radar, por los satélites, por el ordenador.
No son las barcas de pesca las que entran y salen de los pequeños puertos pesqueros; ya no. Ahora son veleros de lujo, yates y todo tipo de naves de recreo las que navegan bordeando sus costas, buscando una cala donde fondear, tripuladas por urbanitas que buscan emular a sus ancestros, siquiera en su tiempo de asueto.
Mare Nostrum…
Su costa, sus calas, sus acantilados, han perdido su ser natural y han sido ‘ocupadas’ por viviendas lujosas, por torres de apartamentos, en las que nadie vive; sólo son ocupadas cuando sus dueños tienen vacaciones y deciden pasar allá unos días.
En sus playas apenas quedan barcas de pescadores; sólo unas pocas, muchas abandonadas, y que sólo sirven para que los turistas se hagan fotos.. Pero las playas no han quedado vacías y abandonadas; qué va! Están llenas de artilugios para navegar por sus orillas, tablas de wind-surf, botes hinchables, …
Mare Nostrum… Ese no es mi mar.
No es mi Cantábrico, que si bien no se ha librado de las hordas urbanitas, aún conserva vírgenes muchos de sus acantilados, azotados por el viento y la espuma, y tiene esa bravura que, a veces, arrasa todo lo que el hombre ha construido en sus playas, como si quisiese decir “Esto es mío”.
Mare Nostrum, no eres mi mar..
No eres ese mar que, con más frecuencia de la deseable, engulle barcos enteros a pesar de sus localizadores GPS y toda la tecnología actual, desapareciendo bajo sus aguas sin dejar rastro.
Toda familia de pescadores ha perdido algún pariente tragado por las aguas del cantábrico o puede contar historias de naufragios vistos o vividos, de esos heroicos rescates en sus frías aguas, al borde de la extenuación y la hipotermia,…
Ese es mi mar…, en cuyas orillas vivo. Ese es nuestro mar, el de los intrépidos marinos que en barcos balleneros de madera surcaron sus negras aguas, muchas veces bajo terribles tempestades, buscando las ballenas o el bacalao de las frías aguas del mar del Norte. El de aquellos marinos que en sus barcos pesqueros llegaron a las frías costas de Terranova, de Canadá, de St. Pierre y Miquelón, siglos antes de que las naos hispanas llegasen al Caribe buscando una ruta a la india.
Ese es mi mar, el de aquellos marinos que buscando el sustento para sus familias se embarcaban en una aventura que duraría varios meses, en el mejor de los casos, afrontando el frío y las tempestades del mar del Norte sin saber si volverían a ver a sus familias.
Y, sin embargo, aquí estoy yo, urbanita, en esta preciosa “costa Brava”, a orillas del Mare Nostrum, disfrutando de unos días de vacaciones en la cala Sant Pol, gozando de sus cristalinas y cálidas aguas, del sol y las buenas temperaturas,
Aguas saladas, densas, cristalinas y transparentes, domesticadas, suaves;
 Mare Nostrum…
Aquí estoy, dejando que los rayos del sol reflejados en el Mediterráneo curtan mi piel y le den ese aspecto ‘aviejado’, emulando a los marinos; dejando que el salitre de estas aguas tan densas reseque mi piel, sumándose al efecto de los rayos del sol.
Aquí estoy, urbanita, disfrutando del MARE NOSTRUM, dibujando sus playas y acantilados; buscando, a veces, la sombra de los pinos que bordean sus orillas; respirando esos olores a sal y sol, a lavanda y romero, a pino… y no como los olores de nuestro mar, a humedad y algas…
Mare Nostrum… No eres mi mar, pero me gustas.

viernes, 1 de junio de 2012

Paisajes costeros

Las marinas,
los barcos,
 la costa y el mar.

Carretera a Zarautz desde Getaria

Cuánta pintura se habrá consumido en la historia
 tratando de reproducir, con más o menos fortuna,
esos paisajes que tanto nos atraen.

Urgull desde el palacio de Miramar 

Será por la 'frescura' que el mar nos sugiere;
será por la abrumadora fuerza de las olas, de las mareas;
o será por el misterio que late en sus profundidades para nosotros, que tenemos piernas en lugar de aletas.
¡Quien sabe!

Santa Clara e Igeldo, desde Urgull.

El hecho es que nos empeñamos, una y otra vez, en dibujarlo,
en plasmarlo en el papel o en el lienzo,
en tratar de acertar con ese color tan cambiante,
ora verde profundo, ora azul intenso, 
algunas veces dorado, 
como cuando el sol del alba o el ocaso se reflejan en su superficie
negro profundo y plata las noches de luna.
Ahora calmado, liso como el ague en un plato;
y luego rizado por el viento o erizado por el temporal.
Espigón de la Zurriola, con temporal

Hoy os pongo una muestra de algunos intentos míos,
de recoger en el papel, a la acuarela,
 paisajes costeros de nuestra tierra.

Hondarribia y Hendaia al fondo

Unos son recientes, de esta semana;
otros de hace unos meses.

Unos en el cuaderno de apuntes,
otros en tamaño 28 x 38;

La costa de Gipuzkoa, con Getaria y al fondo Matxitxako, desde la venta de Orio

Lo único que tienen en comun es que son acuarelas, 
y la temática más o menos similar.

Carretera a Getaria desde Zarautz

Espero que encontreis una que os guste.



Paseando por la playa de la Zurriola