Ladrones de Cuadernos Headline Animator

sábado, 28 de enero de 2012

KUTXA DAD DANBORRADA:

domingo, 22 de enero de 2012

Donostia - Plaza del Buen Pastor

Donostia - Buen Pastor by mikel.quintana
Sábado 14 de enero, a mediodía.
Hace frío, y la niebla hace que el aire se vuelva espeso.
La humedad lo impregna todo, calando en el cuerpo hasta que la sientes en los huesos.
La ciudad está llena de gente, recorriendo las tiendas en ese afán de encontrar más barato lo que no han comprado durante el otoño.
Hay un cierto ambiente de fiesta, no sé si por la cantidad de gente que entra y sale de los comercios, o porque sólo paltan unos pocos días para la gran fiesta de San Sebastián.
A pesar del frío, me siento en un banco de la plaza del Buen Pastor, con el papel y los lápices acuarelables, un pincel de agua, y tomo este apunte de un costado de la catedral, iluminado por la luz fría que se filtra entre la neblina, dándole ese aspecto tan invernal.
El papel se mantiene húmedo todo el tiempo, por el ambiente, y me resulta dificil terminar el dibujo, porque los pigmentos se diluyen y no hay forma de marcar los contornos.
Supongo que el resultado, algo difuso, es 'fruto del tiempo', pero refleja el ambiente gris del momento.

Papel "TOSCANA" de algodón, 300gr, grano grueso, 23 x 31 cm.

sábado, 7 de enero de 2012

DESPUÉS DE LA GALERNA

Una tarde de verano en una playa de Cantabria, frente al Cantábrico.
Estamos todos en la playa cuando, de pronto, empieza a cubrirse el cielo de negros nubarrones.
La pequeña depresión provocada por el calor de un día veraniego,
en contraste con la temperatura del mar, hace que el viento ruja con violencia,
levantando las olas con fuerza;
La arena de la playa, seca y caliente, se levanta en remolinos,
precipitándose contra nosotros, hiriente, lacerante, agresiva;
las toallas vuelan arrastradas por la galerna,
como si fuesen gaviotas, en un vuelo errático, casi acrobático.
El cielo se vuelve negro, espeso, obscureciendo de pronto como si anocheciera.
La gente recoge rápidamente todo, huyendo de la playa, buscando refugio.
Comienza a llover con fuerza, como si cayese sobre nosotros la espuma de las olas.
Los botes de pesca parecen juguetes, azotados por el viento y las olas,
sufriendo los embates de la galerna, como cáscaras de nuez.
De pronto amaina, y vuelve la calma;
el viento se calma, como si nada hubiese pasado;
la playa queda lisa, limpia, como si nadie la hubiese pisado en días,
barrida por el viento, la lluvia y las olas.
El mar, la mar, es casi lo único que muestra aún los efectos de la galerna.
Rizada, con la espuma de las olas que se levanta aún con los restos de viento,
parece de lejos un rebaño de ovejas sobre el verde oscuro, casi negro del agua;
el mar, y las nubes. Éstas, tras la violenta tempestad, rotas, deshiladas,
dejando ver, entre ellas, algún retazo del azul que quiere asomar de nuevo,
son el mudo testigo de la galerna pasada.
Vuelve la luz, por entre las nubes, iluminando los rizos de las olas
resplandeciendo, a veces, sobre la húmeda arena de la playa.
Frente a esa imagen de calma y soledad, tal vez de desolación,
con la extraña luz de después de la tormenta,
me siento con una hoja de papel y dejo que el agua y los pigmentos
traten de retratar lo que ven mis ojos,
lo que siento para adentro, la paz de después de la tormenta.