Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor.
Anoche tuve un sueño;
Corría el año de 1002 de nuestro señor,
y el caudillo moro Abu ʿAmir Muhammad ben Abi ʿAmir al-Maʿafirí,
Al-Manṣūr billah (El victorioso por Alá), (المنصور بالله),
conocido como Almanzor por los cristianos,
dirigía las tropas sarracenas contra el conde Sancho García de Castilla
contando este con la ayuda de Sancho III el Mayor de Navarra
y de Alfonso V de León.
Yo me encontraba, como no podía ser de otra forma,
de vacaciones en el Castillo de las Águilas (Calatañazor),
por las frías tierras de Soria, disfrutando del verano.
El pueblo, amurallado en un cerro,
tiene unas magníficas vistas de esas tierras altas del Duero,
recibiendo las brisas norteñas refrescadas por las nieves
de los picos de Urbión y de Neila.
Las calles, empedradas con cantos rodados, pendientes,
miran todas a la iglesia y al Castillo, como corresponde.
Las casas tienen la planta baja en piedra de sillar
y la planta alta en madera y adobe;
con grandes aleros para proteger de la lluvia
a las fachadas, y a los caminantes,
en esos tonos rojos y ocres tan comunes por esas tierras.
La leyenda recogida en escritos de la época dice
que ese día de julio, tras larga batalla,
“en el lugar que se dize Calatanasor muchos millares de Sarrazines cayeron,
et si la noche non cerrara el día, ese Almançor fuera preso.
Enpero, en esse dia non fue vençido,
mas de noche tomó fuyda con los suyos”
En mi sueño, un extraño personaje con aspecto de pescador,
lloraba gimiendo, a veces en árabe, otras en lengua romance,
diciendo: en Calatañazor perdió Almanzor el tambor.
No hay duda de que este espejismo era
“el diablo que llorava la cayda de los moros,”
como cuenta el cronista.
No pude resistirme a la afición y, en mi sueño,
no siendo capaz de plasmar la batalla,
plasmé sobre pergaminos de papiro
un retrato de cómo quedó el castillo tras la batalla,
y un retrato de una calle del pueblo
desde la que, ahora, se divisa al fondo la iglesia;
en aquellos días esa iglesia no estaba,
y por ello tampoco la puse en mi dibujo.
No sabía cómo combinar el sueño y la realidad,
ésta es la crónica de unos hechos vividos en primera persona,
aunque sólo haya sido en sueños.
¡Feliz año nuevo!